Rafael Luciani: “No podemos hablar de esperanza sin paz y justicia”

“La esperanza no puede ser confinada a un mero estado interior de tranquilidad, ni a una promesa de un más allá. Es un dinamismo que se encarna en la historia, brotando desde las relaciones y humanizando los vínculos que nos entretejen”. Así comienza el prólogo de la primera edición de la revista Piazza San Pietro. Escrito por Rafael Luciani el texto introduce al lector en la publicación que el Vaticano anunció a finales de 2024 como una de las iniciativas para divulgar las historias del Jubileo de la esperanza.

En los primeros meses de 2025, el teólogo venezolano interpela a los lectores al afirmar que la esperanza “no es simplemente un don de Dios”. Por el contrario, se trata de entender que “es Dios mismo, quien se dona a la humanidad, irrumpiendo en nuestra realidad, para revelarse en el rostro del otro y hacer que brote vida, allí donde parece improbable”. El académico señala que “ese es el Dios de la esperanza”, el que muestra otro camino pese a la aridez de la realidad humana y que la Iglesia acompaña desde sus orígenes.

De ahí que en el prólogo cite documentos del Magisterio como la constitución “Gaudium et Spes” o la bula “Spes non Confundit”, porque así recuerda que, desde tiempos del Concilio, la Iglesia insistía en hacer nuestros “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y los afligidos”.

El tiempo ha pasado después de la promulgación de estos documentos. Sin embargo, la situación es plenamente vigente y la Iglesia lo ratifica en la bula que convoca al jubileo: “hoy en día es escandaloso que, en un mundo dotado de enormes recursos, destinados en gran parte a los armamentos, los pobres sean la mayor parte, miles de millones de personas”.

El riesgo de la indolencia

A lo que se suma la penosa situación evidente en “los rostros de los niños aterrorizados por la guerra, el llanto de las madres, los sueños rotos de tantos jóvenes, los refugiados que afrontan viajes terribles, las víctimas del cambio climático y de las injusticias sociales”. Argumentos que llevan al catedrático a decir que “no podemos hablar de esperanza sin paz y justicia”, porque bien se lee en Evangelii Gaudium “la realidad es superior a la idea”; incluso la desborda y eso nos confronta con la pregunta que cualifica lo humano y cuestiona algo que no es otra cosa que el desafío de hacernos hermanos.

Circunstancia que en este texto nos lleva al fragmento de la Sagrada Escritura cuando Dios pregunta a Caín: “¿Dónde está tu hermano?”, cuestión ante la que el teólogo asevera, sólo hay dos respuestas: «La indolencia que rompe todo vínculo: ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano? O la dolencia que humaniza las relaciones: tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; fui forastero y me recibiste…”.

Para Luciani lo que está en juego es apostar la propia vida para que la esperanza sea posible donde no existe. Algo que el texto de “Spes non confundit”, advierte: “los signos de los tiempos, que contienen el anhelo del corazón humano, necesitado de la presencia salvífica de Dios, requieren ser transformados en signos de esperanza y paz”. Experiencias que se traducen en gestos como la experiencia de «la cultura del encuentro, la justicia social, la inclusión de los grupos marginados, la fraternidad entre los pueblos y el cuidado de la casa común”.

Esperar no es soñar

Un prólogo que contextualiza y enriquece la experiencia de la lectura propia, aludiendo a los ejercicios espirituales dirigidos por el jesuita Ignacio Ellacuría, cuyas reflexiones plantean dos cosas sobre las cuales debemos posar los ojos y el corazón y han de centrarse en los pueblos que sufren miseria, hambre, opresión o represión, los pueblos crucificados.

Realidades que deben interrogarnos y comprometernos para dar el paso de la compasión a la acción directa la misma que aporta y libera. ¿Qué he hecho yo para crucificarlo? ¿Qué hago para que lo descrucifiquen? ¿Qué debo hacer para que ese pueblo resucite?, se lee en el prólogo en el que Luciani concluye señalando que “son muchas las personas, más de las que creemos, para quienes otro mundo sí es posible y en el cual todos tengamos posibilidad de tener posibilidades”.

Argumento que respalda con una cita del Card. Suenens después del Concilio: “Esperar no es soñar, al contrario: es el medio para convertir un sueño en realidad. Felices los que se atreven a soñar y los que están dispuestos a pagar el precio más alto para que el sueño tome forma. Apostemos por tener la parresia necesaria para construir un mundo donde el amor y la verdad se encuentren, y la justicia y la paz se abracen”.

La revista Piazza San Pietro circulará cada mes, tendrá dos ediciones, una en español y otra en italiano. Dentro de su contenido se destaca la participación del Papa Francisco como redactor de la sección “Cartas al director”, apartado que le permitirá contestar las inquietudes de los lectores, lo que viene generando una gran expectativa en tanto sus palabras serán otra forma de alimentar la esperanza que muchos ven perdida.

Nota reproducida en ADN Celam