R.J. Snell es el redactor jefe de Public Discourse, el periódico del centro de investigación de Princeton. Doctor en Filosofía, ha escrito sobre las artes liberales, la ley natural y la tradición intelectual católica entre otros temas.
Editor, conferenciante y autor, R. J. Snell es, además, uno de los colaboradores de Word on Fire y Catholic Answers, dos grandes plataformas estadounidenses con recursos para católicos.
A través de su trabajo, Snell busca fomentar la labor de los intelectuales católicos para que no pierdan el terreno frente a los protestantes, quienes están “listos para argumentar todo en un momento”.
Sin embargo, como se ve en esta entrevista que concedió a Omnes, se muestra optimista, especialmente ante la nueva generación de jóvenes católicos que, a pesar de la polarización en Estados Unidos, están entusiasmados y comprometidos con su fe. En estas nuevas generaciones encuentra “una enorme cantidad de sabiduría” que puede ayudar a resolver los grandes errores como la politización de la fe, el desconocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia o la falta de conocimiento de uno mismo, todos ellos temas que trata en esta entrevista.
¿Qué piensa de los jóvenes católicos y cómo ve la perspectiva de su futuro en Estados Unidos?
—Cuando hablas con un católico de cierta edad, a menudo se muestran bastante desanimados sobre la situación del mundo y de la Iglesia. Yo soy bastante optimista sobre los jóvenes. Es cierto que si nos fijamos sólo en los números de la asistencia a Misa, bautismos, nacimientos o los seminaristas, entre 1950 y 2025 parece haber una disminución. Por otro lado, cuando hablas con los jóvenes católicos de ahora lo que encuentras son personas con los ojos bien abiertos. Hay muy pocos católicos “culturales”, esos que sólo están ahí porque son españoles o irlandeses y vienen de países tradicionalmente católicos.
Creo que hay todo tipo de buenas señales de que la Iglesia del futuro será probablemente algo más pequeña de lo que estábamos acostumbrados, pero mucho más informada, comprometida y madura, y eso es lo mejor. Cuando miro a los jóvenes católicos veo que, debido a su juventud, son propensos a un entusiasmo que va en una dirección y en otra, pero creo que hay una enorme cantidad de sabiduría y compromiso.
¿Cree que los católicos conocemos la Doctrina Social de la Iglesia?
—Los católicos no suelen estar, al menos en Estados Unidos, especialmente bien formados. No saben mucho sobre teología y demás.
Por ejemplo, yo crecí protestante. Si creces protestante, tienes que tener todas tus ideas en fila y preparadas. Debes estar listo para argumentar todo en un momento. Y luego conoces a católicos que no pueden articular casi nada sobre un tema.
Cuando me planteé por primera vez la conversión al catolicismo, me preocupaba que en la Iglesia la gente no parecía capaz de articular su fe, y sin embargo, parecían tener una especie de santidad que yo no tenía, una sabiduría que yo no tenía.
La clave está en que la propia actuación de la Iglesia es en sí su Doctrina Social hecha práctica. Piensa en cosas como todas las obras de caridad y las escuelas católicas. Es abrumador todo lo que hacen, al menos en Estados Unidos. Eso es Doctrina Social en la práctica. Y los jóvenes católicos que conozco están comprometidos con la justicia, están comprometidos con el bien común. Puede que no sean capaces de darte la definición del catecismo, pero lo saborean y lo viven.
Afirma que necesitamos conocer la Santísima Trinidad para conocernos a nosotros mismos. Pero si la Santísima Trinidad es un misterio, ¿significa eso que nunca seremos capaces de conocernos a nosotros mismos?
—Así lo dice san Agustín en las «Confesiones», somos un problema y un misterio para nosotros mismos. Juan Pablo II en la Teología del Cuerpo dice que el humano está en busca de su esencia. No sabemos quiénes somos.
Al mismo tiempo, la Trinidad es un misterio, pero no es ininteligible. Sabemos que algunas cosas son ciertas y sabemos otras cosas que no lo son. Así que sabemos ciertas cosas sobre lo humano que son ciertas, y sabemos ciertas cosas que no pueden ser de otra manera porque estamos creados a imagen de Dios.
De forma parecida, el filósofo alemán Robert Spaemann dice que no somos sólo qué, somos quién. No sabemos del todo quiénes somos, y eso es una cuestión que no se resuelve simplemente con el paso del tiempo.
En Estados Unidos parece que todo es político. ¿Cómo ve la relación entre los católicos y el discurso público en un escenario tan polarizado?
—Creo que los católicos cometen dos errores en lo que se refiere al discurso público. Por un lado, se fijan en lo negativo. Se fijan en la estupidez, piensan que deben quitarse de en medio, y acaban pareciendo quietistas.
El segundo error que cometen es replicar el estado político y meterlo en lo espiritual. Por supuesto, es probable que pertenezcas a un partido político, tienes tus opiniones políticas y como católicos somos libres de tenerlas y de discrepar. Pero primero somos católicos, antes que republicanos o demócratas. Lo primero de todo es estar comprometidos con la verdad del Evangelio. En primer lugar estamos comprometidos con el florecimiento de todos en nuestra sociedad y en el mundo. Y luego ya viene la opinión sobre el código fiscal, que debe estar en un segundo lugar.
En la Escritura se dice que nos conocerán por nuestro amor. Conocerán al cristiano por su amor. Es una vergüenza si lo que ves cuando miras a los católicos en Estados Unidos es primero a un republicano o a un demócrata peleándose por quién ocupa el Senado. Esto es, en un sentido muy técnico, un escándalo.
Nota reproducida en Omnes