Mensaje de los Obispos de México ante la muerte de ocho jovenes en Salamanca

Hermanos y hermanas en Cristo:

Los obispos de México estamos profundamente indignados por el artero asesinato de ocho jóvenes, en cuyo grupo había integrantes de la pastoral juvenil de la Parroquia de San José de Mendoza en Salamanca, Gto. Nos sentimos conmovidos por el dolor que esta tragedia ha provocado a sus familiares y amigos. Por estos ocho jóvenes y muchos más que han muerto a manos de la delincuencia organizada, elevamos al Señor nuestra oración para que les conceda el eterno descanso a ellos y el consuelo a sus familiares y amigos.

Este hecho nos hace reflexionar en la violencia que azota a nuestra nación, la cual se ha vuelto un cáncer para nuestra sociedad; la delincuencia presume impunidad, manifiesta el desprecio por la vida y hace imperar la inseguridad en nuestros espacios vitales comunitarios; esta realidad hiere el corazón de todos los mexicanos, nadie puede sentirse fuera de ella. Es momento de unirnos y asumir cada uno nuestro compromiso por la paz en nuestro país.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). La paz no es solo la ausencia de guerra o violencia, sino la presencia activa del bien, la justicia y la fraternidad. Por eso el Papa Francisco nos llama a constituirnos en «artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia»; ciudadanos convencidos de su responsabilidad con el bien común, que se comprometan en la construcción de las condiciones que hagan posible una vez más el estado de derecho y la paz en nuestras comunidades.

Por ello, los obispos de México hacemos un llamado a todos los ciudadanos, a las autoridades en sus tres niveles: municipal, estatal y federal; a los jueces, magistrados y ministros; a los legisladores, a la sociedad civil organizada, a los empresarios, comunicadores y a todas las comunidades que persiguen la construcción del bien común, para asumir cada uno nuestra responsabilidad con valentía y compromiso por México. Basta ya de intereses personales o partidistas, formemos un frente común, vivamos la solidaridad que tantas veces nos ha caracterizado ante las tragedias que enfrentamos, y combatamos la delincuencia y la falta de justicia que hace sangrar nuestra patria y trunca el sueño de miles de nuestros jóvenes.

Nuestra esperanza está puesta en la promesa de Cristo, quien nos dice: «La paz os dejo, mi paz os doy» (Jn 14,27). Una paz que no defrauda, que no pasa, sino que transforma profundamente el corazón humano cuando éste se atreve a dejarse colmar por su amor. Sigamos caminando con compromiso y determinación, convencidos que el amor es más fuerte que la violencia y que unidos a Cristo podremos recuperar nuestra paz.

Que, por intercesión de nuestra Madre Santísima de Guadalupe, seamos testigos de la verdad, y testimonio de justicia y de paz.

«Dales, Señor el descanso eterno. Y brille para ellos la luz perpetua. Que sus almas y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén».

 

+ Ramón Castro Castro

Obispo de Cuernavaca Presidente